
Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas situaciones
Miguel de Cervantes
Con el corazón encogido y sin apenas sorpresa, hace una semana recibo la noticia de que las actividades en Camerún se suspenden; MSF pide la liberación de nuestros cuatro compañeros, detenidos injustamente en prisión desde Diciembre 2021 (Statement) y Enero 2022.
Tras mucho tiempo de lucha, de tratar de permanecer por seguir apoyando a la población, de buscar otras soluciones, no se ha podido hacer otra cosa que poner todo en pausa hasta ver qué fruto dan las negociaciones con el Gobierno. Lo primero siempre es la seguridad de el staff, quien no puede ponerse en riesgo por el único hecho de hacer su trabajo diariamente.
Recibo esta devastadora noticia como un puñetazo en lo más profundo de mis entrañas. Aunque cuando terminé mi misión algo dentro de mí me gritaba en silencio que este momento estaba por llegar; nunca lo imaginaba tan pronto. Mis pensamientos se van inmediatamente a mi equipo, esas maravillosas personas con las que compartí los últimos seis meses y que ahora tienen una incertidumbre que se cierne sobre su futuro y el de sus familias. Mi dolor se concentra en la población, la única perjudicada en todo este proceso, que se queda del día a la noche sin un acceso seguro y de calidad a sanidad y medicamentos.
Solo en 2020, MSF trató a más de un millón de pacientes en Camerún (entre todos los proyectos allí existentes). Apoyamos el acceso a los sistemas de salud en las comunidades y hospitales, dando tratamiento quirúrgico, promoción de la salud, tratamiento para el Covid19 y malaria, entre otros. En el Sudoeste, apoyamos también al Ministerio de sanidad en la respuesta a un brote de cólera (que a día de hoy sigue activo). Más info aquí
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Y me pregunto ¿y ahora? Dos semanas y media desde mi llegada a España, ese lugar que un día llamé hogar aún sigo tratando de discernir y asimilar todo lo que ha pasado – y aún está pasando.
Estas noticias se me entre-mezclan con la pesadumbre de la vuelta a una realidad que no era la que me esperaba, sumergiéndome en un círculo contradictorio de tristeza, alivio y desazón. Navegar en esta marea de nuevos sentimientos se me antoja extremadamente complicado, mientras que la fuerza de la gravedad me empuja inexorablemente hacia unas profundidades que no tengo ninguna intención de conocer.
Ahora la vida MSF se siente tan irreal y lejana que no me queda claro si lo que he presenciado fue auténtico o imaginación. Una historia demasiado buena para ser verdad. Un cuento que me crée entre horas de trabajo, idealizándolo y pensando que todo sería mucho más de lo que es. Ahora separar realidad de ficción me cuesta, pues la intensidad con la que he vivido los últimos seis meses se desvanece entre cervezas y confesiones. Una vez vuelves a aterrizar en la realidad –¿qué realidad? – te cuestionas la veracidad de los hechos acontecidos tiempo atrás.
Los días pasan, y la misión y los sentimientos empiezan a ser un punto lejano en el horizonte, a medida que doy tímidos pasos hacia delante, pensando en la próxima misión etapa de mi vida. Veo cómo las formas se difuminan y, borrosas, casi desaparecen. Una mezcla entre ilusión y culpa me corroen por las venas a medida que el aterrizaje deja de ser forzoso para dar paso a una estabilidad dudosa y vacilante. Pues a pesar de todo lo que está pasando y desgraciadamente, la vida tiene que seguir abriéndose paso, y nosotros no podemos revolcarnos en el pasado y alimentarnos de una rabia que, a fin de cuentas, no conduce a ningún puerto.
Seguimos.