Hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos
Martin Luther King Jr.
Mauritania es uno de los retos más grandes a los que me he tenido que enfrentar desde que me metí en este mundo. Si bien es cierto que las primeras experiencias siempre son más duras porque no sabes qué te vas a encontrar; cuando venía aquí tenía claro que trabajar en otro idioma que no manejaba en un contexto más “burocrático”, iba a ser difícil. Pero nada más lejos de la realidad.
Difícil se me quedó corto a los dos meses de empezar aquí. Y la paciencia que tenía reservada para toda una vida, la agoté en 5 meses.
Cuando me preguntan por mi vida aquí, al final lo definiría como una rutina pura y dura; pero que se complica por el contexto.
El despertador suena a las 7, y me despierto entre charcos de sudor y con ojeras por no haber dormido bien por el calor (cierto grado de drama y exageración). Entro al trabajo, y dependiendo de lo que toque ese día de reuniones, visitas a centros de salud o despacho, el día transcurre tranquilo.
La jornada viene acompañada de frustraciones debidas a que las reuniones se posponen, o directamente no se hacen. Mi humor es un torbellino, pues paso de estar contenta a completamente enfadada porque la gente aparece dos horas (sin exageración) después de la hora convenida. También hay momentos de felicidad, pues veo que mi trabajo en la farmacia ha dado su fruto y veo un mínimo cambio de comportamiento que me hincha el pecho de orgullo; aunque generalmente es efímero y vuelve a dejar paso a la frustración y a las lágrimas, pues todo lo avanzado en semanas observo con angustia cómo retrocede en cuestión de segundos.
El trato con las personas no suele ser más sencillo; he asumido y asumiré siempre que soy yo la que estoy en su “mundo” y por tanto soy yo quien me tengo que adaptar a su ritmo (hasta cierto punto) y a su manera de hacer. Pero muchas veces nuestro espíritu crítico y nuestra impaciencia europea despunta al final del día en lo que se transforma en pura impotencia. Aunque también hay momentos de lucidez en los que parece que te acercas a ellos, que te ven más como una igual y la confianza empieza a florecer de una manera preciosa.
Todo lo anterior viene un poco sumado al hecho de que trabajo en una mezcla de francés y árabe que hacen que me vuelva un poco loca cada minuto del día. Como bien podréis adivinar, ninguno de los dos es mi lengua materna, así que hacer malabares entre las dos hace que el trabajo pase de nivel medio a nivel avanzado.
Para cuando acaba la jornada de trabajo (sobre 17.30) lo más normal es que vea doble y que esa “fatigue” mauritana me haya dejado sin ganas de hacer nada. Pero lo bueno de Nuakchot es que, aunque parezca paradójico, siempre hay cosas que hacer.
Podemos ir a la playa a ver la puesta de sol o hacer deporte (imaginaros cuál suele ser mi elección), ir extraescolares como en España (voleibol, bádminton, danza del vientre, bachata…). Y si no, siempre está la familia para ver una película mientras pedimos Neldam (increíblemente, ¡Nuakchot tiene una aplicación para pedir comida a domicilio!)
Y los findes de semana (que aquí empiezan a las ¡12 del viernes!) siempre hay cosas para hacer. La playa sigue estando al lado para pasar el día, cena con los amigos para ponerse al día (y cotillear), eventos de ONGs, múltiples y diferentes soirées…. Hay hasta un cine al aire libre para ir en coche y una heladería; así como podéis comprobar, no nos falta de nada en Nuakchott (bueno, jamón siempre falta!). Y si eres una persona activa que le gusta estar siempre haciendo cosas, de eso aquí hay de sobra (dependiendo de tus niveles de exigencia, claro)
Así que a veces no importa todo lo mal que te haya ido la semana, que probablemente durante el finde tengas el tiempo suficiente para recuperar la energía para el lunes siguiente.
La vida nouakchotiense es tranquila y el tiempo pausado debido a sus habitantes y a sus altas temperaturas. A medida que pasas más tiempo aquí te acostumbras y bajas tú también tu ritmo para todo; a nivel profesional y personal. Las calles están llenas de la magnífica poussiere de la que tanto hablo y a la que tanto odio, pero que estoy aprendiendo a tolerar si quiero hacer de esta mi casa por los próximos años.
A veces la vida en terreno desde “casa” nos parece exótica y con mil cosas que contar siempre; pero no me canso de decir a mis amigos y a mi familia que no hay nada de “extraordinario” en mi día a día ni nada de excepcional en lo que practico.
Lo único maravilloso que sí hago es seguir aumentando mis niveles de paciencia (creía que era imposible) y aprendiendo cada día un poco más del mundo y de mí misma (sobre todo); a pesar de la montaña rusa en la que se ha convertido mi vida en los últimos meses.
Sé que muchas veces huimos de la rutina porque nos mantiene dormidos; pero en terreno puedo aseguraros que, personalmente, la rutina es a veces una de las únicas cosas que me hace mantener la cordura en momentos difíciles. Y es gracias a ella que ahora sé acariciar cada pequeño momento de libertad y de locura, y verdaderamente apreciar lo que éstos significan.
Eva!!
Eres una de las personas más valientes que conozco. Y sinceramente, cuando pienso en alguien que lo sea más, no se me viene ningún nombre a la cabeza. Te admiro un montón.
Acabo de descubrir el nuevo Fotolog este, ya estoy suscrito! Supongo que va a ser la mejor forma de seguirte la pista, que cuando vienes por aquí, de tanta humildad nos impides ser conscientes del esfuerzo y la devoción que derrochas.
Cuídate mucho.
😉
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Jo Rubio, qué cosas más bonitas me dices, gracias 🙂
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